Entrevista: Roberto Garrone
Franco Bocanfusso transmite lo que es; no hay dobles mensajes ni tonos impostados. Es un pescador que vive desde hace 45 años a flote de pequeñas embarcaciones, ganando la diaria con el sudor de la frente. Su oficio lo lleva como una marca de cuna, en la piel curtida, los ojos achinados de tantas horas al sol, las manos huesudas y una frontalidad que muchas veces le ha costado dolores de cabeza.
Nadie como él, o muy pocos, sus pares pescadores, saben del sacrificio que hacen y han hecho para prosperar en su rol de pescadores de costa, sin las grandes estructuras y posibilidades de la flota más grande. Es el armador del “Indómito”, el “Indomable” y el “Don Roque”, tres lanchas de entre 13 y 16 metros. De su trabajo dependen 18 familias, pero de su familia, tiene otro tanto de parientes repartidos en otras lanchas. Defiende con pasión su trabajo.
Y es por eso que muchas veces su discurso suena más intimidatorio que contundente cuando observa la dispar situación que vive su flota. Pero lejos de buscar polémicas, Boncafusso busca el sentido común que ordene la actividad, para garantizar su subsistencia.
“Pensé que podía vivir dignamente con la pesca pero pienso que estuve viviendo equivocado”, dice a modo de introducción y recuerda los años en que una centena de lanchas participaban de la pesca en la bahía de Punta Mogotes, al sur del Puerto. “Ahora somos muchos menos y parece que no podemos convivir”, revela.
– ¿Cómo deben actuar para frenar la invasión de jurisdicción que sufre la flota de rada/ría?
– Para arreglar la pesca tiene que haber la unión de todos los sectores. El enemigo que identifico somos todos los pescadores, porque no tenemos la voluntad y la fuerza para juntarnos todos y pelear por un bien común, que es la Provincia de Buenos Aires. Cuando más separados estamos, más fácil hacemos la política de la autoridad de aplicación. Si queremos arreglar la pesca, es con la unión.
– ¿Y por qué cree que están todos separados? Otro dirigente de una cámara como la suya me decía que habían fracasado en ese objetivo de unirse.
– Me parece estamos más apurados en crear cámaras que luego no representan a nadie. Somos una colonia pesquera de italianos manejados por gente que no es de la pesca. No sienten ninguna responsabilidad de dictar normativas que nos afectan terriblemente, no les importa a cuántos les afecta.
– ¿Se refiere a esa medida que permite a los barcos más grandes, de hasta 27 metros, entrar dentro de las 12 millas de jurisdicción provincial?
– Esa fue la última, que no nos gusta para nada, pero el problema es otro. Todos tenemos derecho a pescar, pero nos lleva a todos al mismo lugar, tenemos barcos de 15 metros junto con otros de 26 metros; estamos todos juntos entre las 3 y las 12 millas, sobre todo en la parte norte. A mi me interesa que tengan merluza los más grandes porque así no vendrán a la costa a pescar lo que tengo que capturar yo.
Qué planteamiento hay con la pesca dentro de la Provincia: los cupos no alcanzan, los barcos se van a la costa..., no puede ser que un barco pesque su cupo de merluza y tenga acceso a pescar a 200 millas y yo que no tengo esa posibilidad deba compartir el pescado con ellos si quieren venir a la costa.
No podemos permitir que la pesca de Mar del Plata quede en manos de gente que no son partícipes del sector que nos toca. Esto se arregla con unidad, todas las entidades y juntarnos en una mesa para discutir lo que tenemos que hacer. Hace un tiempo se impulsó la creación del Consejo Provincial Pesquero, hicimos dos reuniones y desapareció, es la mejor manera de llevar la pesca de la provincia adelante. Hoy tenemos gente que dice que las decisiones que se toman es en beneficios de los pescadores, pero eso lo dicen ellos, no se debatió si esa ley era la correcta. Y la ley no se aplica por la fuerza, sino por consenso. Y eso no lo noto, solo buscan tapar parches con diarios. Vos recorrés la banquina y todos se sienten perjudicados, pero por qué, porque no los hacen participar de las decisiones. No es un problema que no se pueda arreglar, hoy son órdenes y órdenes, no hay un diálogo.
– ¿Qué balance hace de la instalación del sistema de monitoreo satelital?
– No salva vidas, como dijeron algunos; el sistema encuentra barcos, yo no me paro arriba del sistema y estoy a salvo. La gente no está preparada para estar en el agua, sino para estar arriba del barco. Para salvar vidas en los barcos de menos de 20 metros es que vayan en yuntas. No hay otra forma. Este sistema es un negocio donde al pescador lo controla el Estado y yo me pago el control. Si ustedes me quieren controlar a mi, que lo paguen, no yo. Querían llegar a controlar la zona de veda, pero con el compromiso de que si no lo teníamos nosotros, no lo podían exigir a Uruguay. Hasta ahora no vi nada todavía de lo que sucede enfrente.
– ¿Cómo debería estar delimitada la zona para la flota menor?
– Eso lo deberíamos encontrar charlando todos los actores para encontrar la forma de pescar todos y vivir dignamente, en corredores delimitados para que cada barco no compita con un barco de menor o mayor tamaño. Antes en la pesca de Mar del Plata había lanchas de 8 metros, de 10 metros, de 15 metros, todos convivíamos, no había problema y pescábamos en todos lados. Hoy, que somos muchos menos, no podemos convivir en ningún lado, cómo es posible. Hay una falta de diálogo.
Los uruguayos traen pescadilla de 15 centímetros, ¿hay control? pescan en el mismo mar que pesco yo y no sé nada de lo que hacen ellos. Ellos siguen pescando como quieren. Entonces si no nos unimos, nos devoran los de afuera.
– ¿Este crecimiento del esfuerzo pesquero sobre el variado costero se siente en la disminución de las capturas?
– La corvina está en una situación crítica, pero no creo que sea culpa de la flota marplatense. Nosotros la vamos a pescar 3 meses al año ¿y qué pasa por los otros 9 meses? ¿también la culpa la tengo yo? Hay otros actores que entran en juego que no los tenemos en vista. Todos los otros recursos del variado costero están afectados, cada vez hay menos. La gente tiene un barco, no le alcanza el cupo de merluza, no lo tendrá parado en la banquina, saldrá a pescar lo que pueda, es entendible.
– Pero no creo que la situación se arregle pescando más merluza...
– Lo que pasa es que la situación no es pareja para todos. Los controles que hay en Mar del Plata no existen en los puertos patagónicos. Según tengo entendido, en Comodoro Rivadavia, del 1º de marzo hasta mediados de abril, había ingresado un solo barco de merluza. Ahí no hay una delegación de la Dirección Nacional de Pesca como acá y nadie controla.
Ojo, acá tampoco están funcionando bien los controles; la merluza la pescan, no la declaran. La flota de Rawson tiene asignada una cuota social de 10.500 toneladas. Por declaraciones públicas de sus propios representantes, el año pasado capturaron 35.000. Como dicen que no hay recurso. Tiene que haber más controles y cumplirlos, acá nadie quiere cumplir con nada.
– Ustedes además de la llegada de buques más grandes, conviven con los gomones y semirígidos...
– Exacto. Estamos apretados desde el mar y desde la playa. Desde que un cajón de pescado vale 50 pesos todos los botes van al agua y son todos pescadores. Hay cerca de 1.400 botes que entran y pescan, 6, 7 cajones. Saque la cuenta, con que pesquen la mitad de los días del mes, son 150 mil cajones todos los meses.
La política de pesca en la provincia debería ser más flexible. Hay menos recurso pero no le quiero ir a robar recursos a otros. Las aguas provinciales son mi patrimonio, nunca me fui. Hay que dejar lugares para que el pescado se reproduzca. Para eso tenés que trasladarte a otras áreas, pero cuando llegás, parece que estás robando y no es así, yo no robo, pesco donde pueda subsistir. Soy pescador y el pescador quiere agarrar pescado. En Lavalle somos mal recibidos; en el Salado no porque le conviene a todo el mundo, ahí está bárbaro, en Ensenada tampoco hay problemas.
– ¿Se sienten representados por la autoridad pesquera de la Provincia?
– La verdad que no, y me duele decir esto. Cada vez hay menos pescado, cada vez hay más barcos. Entiendo que cada uno viva de su pescado, pero ha llegado el momento de ordenarnos. Hoy están haciendo el sálvese quien pueda, pero para que eso ocurra nos tenemos que unir. La pesca argentina se originó desde el puerto de Mar del Plata y nosotros no somos partícipes de las decisiones que se toman y lo digo honestamente. La participación de la pesca la arreglan, tres o cuatro y el resto se queda afuera. La flota chica se quedó sin anchoita porque los barcos la pescan más afuera. No pescará nadie si no regulamos la actividad en el futuro. Será una guerra campal, el mar Argentino será el far west. Cada vez será más difícil.
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