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Información pesquera y portuaria
Fecha de publicación: 10 de julio de 2006 .
 
ALBERTO PAZ, PRESIDENTE DE COPROMAR

“Pudimos demostrar que era una empresa que tenía futuro”

(Puerto Deseado) Si hay una historia con final feliz en el abultado libro de la pesca en Puerto Deseado, esa es precisamente la historia de la empresa pesquera Copromar fundada en septiembre de 2003 y la de su presidente Alberto Paz.

Enclavada en plena zona industrial, la planta pintada prolijamente de blanco pareciera emerger del lodo espeso acumulado por la lluvia incesante que en los últimos cinco días no ha dado tregua, Paz, ajeno al lodo y al manojo de operarias silenciosas que empuñaron durante meses pancartas contra el viento, me recibe en su despacho, es un hombre silencioso, lleno de frases hechas que de no ser por la máquina y un juguete que domina el mobiliario podría decirse que estamos en otros tiempos.

La lucha que sostuvo junto a sus empleados por un permiso tangonero que se demoraba, sin dudas lo ha colocado en un lugar de privilegio frente al imaginario popular deseadense, la prueba está en que muchos lo califican de valiente, adjetivo casi anacrónico para estos convulsionados tiempos que corren en la pesca.

– Se podría decir que finalmente ha ganado la batalla, cuéntenos cómo se decidió a montar esta empresa aquí en Puerto Deseado donde precisamente las empresas nacionales no tienen el camino allanado.

– Yo venía de trabajar en distintos frigoríficos en Chubut y también en Santa Cruz, tenía un aprendizaje y me tentó Deseado, porque justamente veía que este pueblo siempre estuvo de espaldas al mar, que los empresarios locales no arriesgaban y entonces decidí tomar la iniciativa y luego de dos o tres años de madurar la idea arranqué con gente de trabajo de aquí de Deseado, y fuimos apadrinados por empresas de Chubut que nos conocían, que sabían de nuestra responsabilidad en la pesca, al principio nos dieron un permiso fresquero y con ese permiso llegamos a tener hasta 120 personas en relación de dependencia.

– ¿Qué pasó en el camino para que la empresa que arrancó bien llegara a una situación casi desesperante?

– En realidad los últimos meses ya veníamos mal porque nos agarró la rotura del Convenio del Golfo, los paros del SOMU y eso nos complicó mucho la estabilidad porque ya no teníamos materia prima, otra cosa que también nos jugó en contra fueron los aumentos salariales del STIA, entonces pensamos que solicitando un permiso tangonero íbamos a acomodarnos y a reflotar la empresa.

– Pero chocaron con la negativa de las autoridades...

– Se nos complicó por decisión del ex gobernador Sergio Acevedo, que supongo mal asesorado pensaba que nosotros solicitábamos el permiso para vender la planta.

– ¿Y no era así?

– No, para nada.

– Se dio una situación atípica en aquel momento porque Copromar tenía el respaldo de la gente pero le faltaba el respaldo político. ¿Qué cree usted que pasó, de dónde salieron esas versiones que usted iba a vender la empresa?

– Sale de una corporación empresaria, sin dudas, todos sabemos que con el tema del langostino hay mucho celo, la corporación no quiere que haya nuevas empresas eso está claro, cosa que desde el vamos me parece injusta porque Copromar es una empresa nacional y repito los políticos antes de dejarse influenciar por esas opiniones mal intencionadas debieron haberse puesto a la cabeza y respaldar el proyecto, defender la fuente de trabajo y no lo hicieron, entonces a nosotros no nos quedó más remedio que salir a luchar hasta las últimas consecuencias y la verdad que fue durísimo, pero sabíamos que no podíamos fracasar porque sino qué nos quedaba para los que vinieran detrás.

– ¿En qué consistió esa lucha?

– En demostrar a los políticos y a la sociedad que Copromar era una empresa a largo plazo y quedó demostrado porque ya obtuvimos el permiso y esta empresa sigue siendo nuestra, no se la vendimos a nadie.

– Hasta ahí está bien, pero también hubo un operativo desgaste de Paz muy fuerte. ¿Qué le pasaba a usted al ver que ese operativo estaba en marcha?

– Es que conozco muy bien esa política del desgaste y de alguna manera se confundieron conmigo si pensaban que iban a vencerme, porque se olvidaron que yo comencé desde abajo, trabajé en otras empresas y vengo con experiencia de haber atravesado por situaciones similares, y eso me daba más fuerza, más palos nos ponían, más dificultades sorteábamos.

– ¿Entre esos que le ponían palos también estaba el diputado Marsicano?

– Marsicano tendría que haberse puesto al frente del proyecto, sobre todo porque había sido inaugurado por el presidente Kirchner y declarado de interés provincial, y esa gente que votó representaba a la sociedad que nos respaldó.

– ¿Cómo fue que finalmente lograron darle los permisos?

– Sucedió que en Buenos Aires me reuní con el Intendente y logré convencerlo.

– Pero que yo sepa el Intendente nunca pudo influir a las autoridades en materia pesquera, al menos en el gobierno de Acevedo, y tampoco en el de Sancho, incluso P&P vio muchas veces como funcionarios pesqueros le cortaban el teléfono cuando llamaba a alguno de ellos. Cuéntenos realmente cómo consiguió el permiso.

– Pasó que cuando hubo cambio de autoridades a través de empresas amigas me acerqué al gobierno de Sancho y ellos consideraron el proyecto cosa que Acevedo no lo hizo.

– Hay dos cosas interesantes de analizar, es entendible que usted esté molesto con el ex gobernador, pero su posición en el terreno pesquero no era del todo firme, porque por un lado los políticos locales no lo apoyaban y por otro lado el que no conociese su proyecto tenía derecho a pensar mal, porque el hecho de que no tenga barco lo convierte automáticamente en un gestor de permisos para otras empresas.

– Pero Carsa tampoco tiene barcos y así como esas hay muchas.

– Es cierto, pero la diferencia, supongo, es que Carsa lleva años trabajando el fresco, en definitiva lo que quiero decirle es que era entendible que Acevedo tuviera dudas, los políticos locales habían hecho correr la versión de que usted era palo blanco de Panati, fue deliberado todo no sé si ahora tomando un poco de distancia puede verlo.

– Fueron terribles los agravios, aunque con respecto a lo otro lo entiendo pero también se puede decir al revés; hace 15 años atrás había muchos depósitos aquí, muchos barcos pescando y no había trabajo en tierra. Era todo a la reversa porque decían que querían tener un permiso de pesca para poner plantas, pero en realidad lo único que tenían era galpones llenos con cosas de barcos y una cámara para mantener en depósito lo pescado, pero por suerte eso cambió.

– Cambió también la suerte de su empresa, el permiso tangonero que le dio ahora la provincia le permite cierta seguridad, cuéntenos de qué empresa se trata y cómo se proyecta al futuro Copromar.

– Estamos con la empresa Panapesca. Es un gran cambio, nos permite abastecer la planta de fresco y nos permite una continuidad comercial y de financiamiento económico en cuanto a la compra de materia prima para elaborar el producto.

– ¿Qué productos están haciendo y cuántas personas tiene en planta?

– Trabajan sesenta personas, todas en relación de dependencia, y estamos haciendo merluza y calamar

– ¿Cuáles son los proyectos que tiene a futuro?

– Tenemos una carpeta que se la vamos a presentar a la provincia donde se contempla la ampliación de la planta para dotarla de un centro donde se pueda agregar mayor valor agregado a los productos.

– Tengo entendido que ahora se va a reunir a negociar junto a otros empresarios con el STIA. ¿No siente que se expone al estar con gente con la que no quiere estar?

– Siempre fui una persona respetuosa y no le presto atención si le gusto o no a los distintos empresarios, paradójicamente me siento bien sólido y seguro en lo que voy a discutir y me pongo de igual a igual con cualquier empresa.

– Pero usted me habló de una “corporación” y la misma forma parte de los que ahora se van a reunir a discutir.

– Si, pero nosotros vamos a estar dispuestos a hacer los reclamos que tengamos que hacer, nosotros fuimos acompañados por distintos sectores de la comunidad, sabemos que no les gusta a las corporaciones que estemos pero son las reglas del juego y tendrán que aprender a aceptarlas.

 

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