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Fecha de publicación: 23 de noviembre de 2005 .
 
ENTREVISTA A MARIO ORDIALES

Balance de su gestión al frente de la CAPIP

Entrevista realizada por la Dra. Adriana Ruffa al presidente de Harengus SA, Mario Ordiales, al terminar anticipadamente su mandato como presidente de la CAPIP.

A. R. – A mitad de su segundo mandato al frente de la CAPIP usted renunció. ¿Podría hacernos un balance de su gestión como presidente?

M. O. –
Mi gestión ha estado marcada por darle a la Cámara fuerza, cohesión y personalidad propia; sacarla de ser una cámara meramente administrativa de intereses pesqueros. Mi idea es que CAPIP tuviera participación activa y constante en la generación de proyectos pesqueros provinciales y nacionales. Considero que provincialmente el objetivo se realizó y la Cámara mantiene una independencia de criterio, sin desafíos contra nadie pero también sin avasallamiento. A nivel nacional no lo he conseguido; entre otras razones porque no se destinaron medios para ello; sobre todo, tener un representante de gran categoría intelectual en Buenos Aires, que es donde se cocina casi todo. La falta de representatividad en Buenos Aires es una gran carencia de la Cámara.
Sindicalmente el balance lo considero bueno y los socios de CAPIP han sufrido menos que otros las olas de huelgas y conflictos habidos, sobre todo en este año.

A. R. – ¿Qué aspectos priorizó durante su gestión para mantener unida una cámara integrada por empresas que compiten tan fuertemente entre ellas?

M. O. –
Establecí la idea de que pertenecer a una Cámara no es indiferente y hay que merecérselo. Creo que interpreté bien el interés general de todos los socios y lo puse en práctica. Puse exquisito cuidado en entregarme al servicio de todos, sin priorizar mi propia empresa. Creo que mis pares lo entendieron así.

A. R. – Siendo usted una persona que hace más de veinte años que está vinculado a la pesca en la República Argentina ¿Cuál ha sido la evolución del sector y cuáles son las asignaturas que aún están pendientes?

M. O. –
Mi vida pesquera ha sido toda en la Patagonia, primero en Santa Cruz y luego en Chubut. La evolución de la pesca en la Patagonia ha sido espectacular. He visto hacer casi todas las nuevas plantas de pescado, he visto llegar casi todos los nuevos barcos, he vivido el milagro de que la pesca en la Patagonia sea la segunda fuente de trabajo, en el sector privado, detrás del petróleo. Lamentablemente también estoy viviendo el frenazo en las inversiones y el crecimiento del empleo, debido a la ausencia de un marco legal, transparente y duradero, para la actividad pesquera, tanto a nivel nacional como provincial. Esa es la gran asignatura pendiente de la pesca argentina.

A. R. – Durante su gestión, la CAPIP transitó por momentos de grandes coincidencias con las autoridades provinciales a momentos de duros enfrentamientos, que llegaron hasta a agravios a su persona. En la actualidad, la relación parece encaminarse nuevamente hacia un mayor entendimiento. ¿Tiene costos mantener la independencia de las cámaras empresarias del poder político de turno?

M. O. –
Creo que el tema pasa por las afinidades personales y me encanta que este tema se humanice de esa manera. Entre los gobiernos radicales, en la época del doctor Carlos Maestro, no supieron ver la importancia del desarrollo pesquero. Hoy entiendo que sería distinto; entonces no existíamos para la provincia. Después con Lizurume, me encontré con un político con una formación mucho más humana –seguramente por haber sido maestro de pueblo– con el que me entendí bien desde los primeros momentos. Fue el momento en que la Cámara y el Poder Ejecutivo provincial estuvimos más de acuerdo; sin embargo fue también la época de los grandes enfrentamientos de la Cámara con el Poder Legislativo que llegó a legislar un aumento imposible en los cánones y derechos de pesca, que nos llevó a todos los empresarios a buscar amparo judicial. Posteriormente llegó Mario Das Neves, que nos desorientó en cuanto a que tardó seis meses en recibirnos pero que arregló en dos meses el tema de los aumentos a que me he referido. Luego iniciamos una relación buena, aunque de mutuo estudio, pasando a una fase de buena colaboración hasta el problema del STIA que nos situó en campos distintos.
Poco a poco las aguas volverán a su cauce ya que la Cámara no puede vivir enfrentada a la autoridad, y la autoridad no debe interferir en la independencia de la Cámara. Las discrepancias entre ambas partes deben ser expresadas con respeto mutuo, tratar de ser arregladas con objetividad y, si no es posible armonizar los pareceres, hay que convivir con las diferencias con firmeza pero con elegancia y altura intelectuales.

A. R. – Durante su presidencia, la CAPIP formó parte junto a otras importantes cámaras del sector de la Coordinadora de Empresas Pesqueras formada con el objetivo de llevar adelante negociaciones conjuntas con los gremios. ¿Qué opinión le merece esa iniciativa y porqué cree que fracasó?

M. O. –
Fracasó porque la falta de un marco de actuación legal y administrativo, claro y duradero, hace que los empresarios encuentren más fácil transitar por senderos unipersonales, que seguir un camino común. Las luchas por la obtención de un lugar de privilegio cercano a los centros de decisión, crean antagonismos y desconfianzas entre los empresarios. Si tuviéramos un marco legal-administrativo transparente, de una sola posible interpretación y duradero, donde las influencias e interpretaciones personales sean imposibles, surgirían los sentimientos compartidos que son básicos para que las empresas se agrupen. Debiera haber, sin duda, una Federación de Industrias Pesqueras en lugar de la atomización de cámaras que existe, ferozmente enfrentadas, lo que a su vez ayuda a que no exista el marco legal claro a que me refiero convirtiéndose así en un círculo vicioso que hay que romper.

A. R. – ¿En su opinión cuál debería ser el perfil del nuevo presidente de CAPIP y por qué?

M. O. –
Debería tener prestigio personal, fuerte carácter y diplomacia. Después estar dispuesto a entregar más de lo que reciba. Hay hombres de esas características dentro de CAPIP pero en la situación actual de las empresas pesqueras, difícilmente nadie puede permitirse el lujo de dedicarse a la Cámara. La propia empresa resulta desatendida y expuesta como ocurrió con mi empresa y mi persona. Probablemente la mejor solución sería profesionalizar la dirección de la Cámara y este profesional debe reunir en grado sumo las condiciones citadas, por derecho propio, más la cualidad de potenciar la presencia de CAPIP ante los organismos nacionales, para sacarnos del provincialismo.

A. R. – ¿Desea agregar algo más?

M. O. –
Dejar bien claro que ninguna otra cosa que la adecuada atención a mi empresa ha hecho que deje la presidencia de CAPIP; que seguiré colaborando en la arquitectura general de la pesca argentina, en la solución de cualquier conflicto y en la unión de todos los sectores pesqueros y que disculpo la pasión de mis antagonistas momentáneos, como espero ellos disculpen la mía, asumiendo que nuestros distintos convencimientos tienen una misma base de búsqueda de la verdad y de la mayor justicia posible. No puedo disculpar la mentira o hipocresía interesadas.

 

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